‘Glengarry Glen Ross’, palabra de Mamet

Quien me conozca sabe que no miento cuando digo que David Mamet está en mi top five de dramaturgos de todos los tiempos. Es capaz de hacer que se me salten las lágrimas, ya no con lo que escribe, sino con cómo lo escribe. Tiene un dominio de la escena con el que muchos otros sólo pueden soñar y sus obras son tan buenas que sobreviven a las terribles adaptaciones que se hacen de ellas tanto en teatro como en cine. Es lo que entendemos como el poder de la palabra.
Éste no es el caso. La adaptación de ‘Glengarry Glen Ross’ cubre de sobra las expectativas y nos acerca a un Mamet que trata un tema imperecedero: el mundo de la empresa como espejo de la sociedad capitalista y el cómo la sociedad se despide de sus eslabones débiles una vez que dejan de servir como engranaje de la máquina de hacer dinero. Este es un mundo de hombres. No queremos perdedores ni viejos, sólo queremos Romas que sean capaz de engañar a su propio padre a cambio de ganar un Cadillac, no por el coche en sí, sino por lo que simboliza, ser el mejor vendedor.
El reparto de la función es sin duda de lo mejor del panorama nacional con un Carlos Hipólito soberbio en un papel en el que encajaría un hombre de más edad, como hicieron en la adaptación a la pantalla grande de este trabajo. Aun así, este hombre es capaz de defenderlo todo. El resto de la coral está también excelente, incluso un Gonzalo de Castro que inevitablemente nos recordará a sus personajes televisivos logra dejar atrás esa sombra después de unas cuantas frases para convertirse en el más despiadado de todos los vendedores. Es ese personaje de la tele el que hace que no seamos capaces de verle como el hijo de puta que realmente es hasta que nos paramos a reflexionar de todo lo sucedido una vez finalizada la obra. Quién nos dice que en la vida real no lograría colárnosla igual mientras pensamos que es un tío simpático y agradable.
La escenografía sobria y comedida cumple a la perfección con un escenario móvil de paneles que se transformará en un bar y en una oficina en un abrir y cerrar de ojos. Simplemente, el trabajo de Andrea D’Odorico es magnífico, perfecto, sin extravagancias, sin quitar protagonismo a los actores.
Recomiendo encarecidamente esta obra ahora que sale por los pueblos de Madrid y que podréis verla a mejor precio que en el Teatro Español. Por ejemplo, el 30 de enero en el Teatro Auditorio Municipal Adolfo Marsillach, de San Sebastián de los Reyes.









Vaya, suelo coincidir contigo en tus criticas, pero precisamente esta obra no la recomendaría. Se me quedó en un intento de algo bueno y correcto, pero ahí, no me llego a mas.
El primer monólogo de Gonzalo de Castro es magistral.
Saluditos.
María, me sorprendes… no será que ya vas con prejuicios contra Mamet?
Charlotte, yo en ese monologo todavía no había conectado con ese personaje, aún estaba esperando que limpiara la barra del bar… es lo que tiene estar tanto tiempo en la tele.
Leave your response!
“La literatura no cambia el mundo pero sí construye puentes”. Amin Maalouf.
Archivos
Categorías
Etiquetas
451 editores Alan Moore Alfaguara Alfonso Azpiri Amélie Nothomb anagrama Ana María Matute Arturo Pérez Reverte Booket Camilo José Cela Carlos Giménez Charles Bukowski David Mamet David Trueba Debolsillo Destino Dibbuks Federico García Lorca Francisco Ayala Franz Kafka Gabriel García Márquez Glénat Herta Müller José Saramago Juanjo Millás Juan Ramón Jiménez Kirmen Uribe Libros del Asteroide Luis García Montero Manuel Rivas Mario Benedetti Mario Vargas Llosa Miguel Delibes Miguel Hernández Mondadori Murakami Nevsky Prospects Pepe Rubianes Planeta Premios Robe Iniesta Roberto Bolaño Seix-Barral Stieg Larsson Warren EllisSuscripción RSS
Nuestro Twitter
Most Commented