Hernández y Serrat, la belleza

Hice míos los versos de Miguel Hernández incluso antes de saber de su existencia. Corrían los años 80 mientras yo hacía lo propio en la vieja furgoneta familiar, al ritmo que marcaba el pie derecho de mi padre sobre el acelerador, quien, a su vez, se dejaba guiar por los compases de una melodía: “para la libertad, sangro, lucho, pervivo”; “menos tu vientre todo es confuso”; “no perdono a la tierra ni a la nada”. Unas letras que yo tarareaba sin imaginar su significado, las que pusieron banda sonora a mi infancia. Sólo por eso debería escribir un alegato a favor del de Orihuela y de Serrat. Pero es que resulta que crecí y supe de su existencia y de su significado. Es entonces cuando se me hace cuesta arriba redactar ese argumento.
Porque el arte es como el amor. Inexplicable. Crear belleza donde no había nada me parece un milagro. Un hecho maravilloso e inabarcable del que no puedo hablar. Me pone un nudo difícil de desatar en la garganta. Imaginad lo que sucede cuando no uno, sino dos taumaturgos unen sus talentos, uno a las letras, el otro a la voz, a la música. Imposible de definir. Lo mejor es tumbarse en una cama, ponerse los cascos y dejarse llevar por las emociones que las notas y los versos nos provoquen.
Así lo haré el próximo 23 de febrero, cuando salga a la venta el álbum ‘Hijo de la luz y de la sombra’, en el que el cantautor catalán vuelve a poner música a los versos del poeta, como en 1972. Y así lo haré, espero, en Orihuela, dónde sino, a finales de octubre. En directo. Con la emociones multiplicadas por mil y, para colmo, compartidas. Llorando bonito en grupo. Porque el arte, como el amor, es capaz de aunar los corazones, capaces de emocionarse con ella, la belleza.









Vaya dos pedazo de artistas! Me encanta por separado y juntos, a mi tambien me descubió Serrat a Hernández. El si que se llevó el honoris causa de manera merecida y no como el bigotes.
[...] Si tiene que estar en algún lugar, ése debe ser el cielo, una suerte de paraíso donde compensarle por todo lo que sufrió en la tierra. Me refiero a Miguel Hernández, el poeta que murió demasiado pronto dejándonos demasiada belleza para leer, releer y escuchar. [...]
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“La literatura no cambia el mundo pero sí construye puentes”. Amin Maalouf.
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