Leer, pura magia

Ayer escuché a uno de los grandes, a José Saramago, un señor por el que siento mucho más que admiración puramente literaria, que el buen lector nace. He estado reflexionando sobre esta afirmación y, al menos mi experiencia, le da la razón.
En mi casa siempre hubo muchos libros, muchos periódicos y muchos cuentos. Sin embargo, nadie me dijo nunca “lee un rato” o eso de “menos tele y más libros”. Jamás. Desde aquel día que, de camino a Toledo, conseguí descifrar sorprendentemente el contenido de un cartel de carretera no me he separado de esa maravillosa ventana que, fabricada con letras y aderezada con imaginación, nos permite disfrutar con vistas a mundos sorprendentes.
Primero fueron los cuentos de colorear, después ‘Luisón’, ‘Un duende a rayas’, ‘Fray Perico y su borrico’, ‘Elige tu propia aventura’, ‘Los Cinco’, ‘Aquellas blancas sombras en el bosque’, ‘Moon Jonas’, ‘El Buscón’, ‘Marianela’… Y, por fin, ‘La Celestina’. Creo que Fernando de Rojas tiene mucha culpa de que durante la adolescencia la costumbre de leer me atrapase por completo y ya nunca me dejase escapar. Y, para rematarme, apareció Gabo y sus ‘Cien años de soledad‘ condenándome a cien años más de lectura ininterrumpida que, quizá, quién sabe, comenzó al nacer.
Porque lo expertos se han cansado de afirmar que este hábito no se adquiere por arte de magia. Mentira. Prefiero la visión idealista del Sr. Saramago: que unos pocos afortunados hemos sido tocados por una varita que nos permite ver cosas que de otra manera no veríamos. Y eso, para mí, es pura magia.












Casi que la lectura es hermenéutica… En fin, quizás ayude a verlo claro el libro de Margarit titulado “Nuevas cartas a un joven poeta”, algunas pistas sobre quién puede y debe ser lector.
Saludos
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