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Parafraseando a Mamet, “la de guionista es una profesión de putas”

15 Febrero 2010 2 Comments Un artículo de: R.Hurtado

estatuillagoya

Esta frase la enunció el Sr. Mamet sin visitar España, si hubiera venido seguramente se habría quedado corto. Más viendo ayer la gala de los premios Goya –por cierto, ganó en ritmo sin publicidad y de la mano de Buenafuente–. Sostengo esta afirmación en varios puntos en los que me llevo fijando un tiempo. En Estados Unidos –ese país con el que tanto nos gusta meternos pero del que alguna que otra cosa tendríamos que aprender– aproximadamente un 20 por ciento del presupuesto de la película está destinado al guión, trabajo en el que participan muchas personas hasta que finalmente se opta por una versión definitiva. Cualquiera que haga uno de los borradores de éste, no hablaremos ya del que lo firme al final, gana mucho más que un guionista español de una superproducción, con alguna que otra excepción –un par de ellos que ya tienen una taquilla asegurada–, aunque el público general ni los conozca. Por ejemplo, ‘El Orfanato’, una producción modesta, tenía un presupuesto de unos cuatro millones de euros. Hace poco leí que el guionista había ganado 20.000 euros por su trabajo, el 0,5 por ciento del presupuesto. No quiero saber cuánto cobró Belén Rueda, pero, poniéndonos en lo ridículo, en que cobrara el doble, en realidad no sería proporcional. Escribir un guión es cosa de años, de horas y horas de trabajo. Actuar es cosa de meses, desde que se empieza a preparar un papel. Ellos ponen el rostro y el talento, los que lo tienen, claro, y son las caras que venden una cinta hoy, culpa nuestra por cómo se ha orientado el mercado. Pero sin guión no hay historia y sin historia no hay nada.

Y en la gala de ayer volvimos a ver la fiesta de los actores: con la excepción de algún director, todos los que dieron las estatuillas fueron cómicos. Y se vanagloriaban de ello, de ser una profesión noble –que no digo que no lo sean, ojo–, de ser unos elegidos, de ser de familia de –parece que ahora es importante tener pedigrí para actuar–. Y el menosprecio a los guionistas llegó cuando les entregó el premio la insulsa familia Guillén Cuervo, otra de esas de abolengo en el mundo del celuloide, ahora de los píxeles. ¿Por qué el premio al guión no lo entrega un guionista? ¿Acaso no forman parte de la industria del cine? ¿Son sólo los actores y directores, algunos, los que merecen los oropeles y el reconocimiento? Por suerte, Alex de la Iglesia, en su papel de director de la Academia, hizo una llamada al orden y a que se dejen de mirar el ombligo. Creo que no valdrá de nada, porque en los agradecimientos no se paraba de escuchar eso de “se lo dedico a mi abuelo, que fue el primer cómico de la familia” o “estoy orgullosa de pertenecer a esta noble familia que son los cómicos”. ¿Qué hace más noble a un actor que a un acomodador, una taquillera, un cámara o un guionista? ¿El dinero? Si es así puede que tengan razón los ganadores de los Goya, porque los que se reparten el pastel son los cuatro que van año tras año. Qué olvidados tienen algunos los tiempos en los que tenían que ir de pueblo en pueblo animando fiestas o montando obras de teatro con compañías en las que apenas les pagaban. Claro que muchos no han pasado nunca por eso, será porque vienen de familia de cómicos, como se llenan la boca de decir. Aún así hay honrosas excepciones como el equipo de ‘Celda 211′, que no paró de recordar que la novela es de Francisco Pérez Gandul. Eso los honra.

Se cansan de llamarse artistas pero, como decían Buñuel o Hitchcock, de artistas la mayoría tienen bien poco y lo único que se les pide es que actúen de manera natural o que no sobreactúen. Pero lo que no saben, quizá porque no se han molestado en leer la RAE, es que en lo único que entra su arte es en la primera definición que da aquélla de éste: “Virtud, disposición y habilidad para hacer algo”. Y que por mucho que les cueste aceptarlo, la segunda que es la que todos entendemos por lo que es hacer arte: “Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”, les queda muy lejos ya que se limitan a dar la visión de un señor que es el director sobre la creación de un escribiente. Pero, qué se puede esperar de una sociedad en los que impera es el frente y no el fondo; donde la gente se reúne a ver a los ejecutores y alabarles los méritos sin tener en cuenta los autores; donde miles de chicos se meten en una discoteca a escuchar a un DJ sin pensar que los discos que pone y que le hacen grande pertenecen a otros… Se admira al ejecutor, o al intérprete, por encima del creador. Hubo un tiempo en el que esto no era así y que Shakespeare, Cervantes, Tirso, Lope de Vega, eran los que se llevaban los reconocimientos, que no los dineros, pero ese es otro tema. Pasa en todo: las modelos son las que se llevan los méritos por unas fotografías en las que hay más trabajo de cámara que de pose, los futbolistas son los que recogen los premios de las estrategias de un entrenador, pero si algo sale mal es culpa de éste; los presentadores de los programa de TV se apuntan el tanto de ser ingeniosos mientras leen de un telepronter; incluso, y llevándolo al extremo, el iPhone se lleva todos los méritos de las bondades de su sistema operativo, sin que nadie sepa quién es el encargado de su desarrollo. Como decían en ‘24 Hours Party People’, acabaremos dejando de adorar al DJ para acabar yendo a una sala a ver un equipo estéreo.

No quiero que todo lo anterior sea visto como ataque a los actores, en realidad no lo pretendo. En todo caso es un ataque al ego de algunos cómicos. La de comediante me parece una profesión totalmente admirable, respetable y complicada. Pero creo que es un oficio para la humildad, para el trabajo y para el respeto entre todos y me duele ver que algunos, precisamente los que menos trabajo han metido en la mayoría de los casos, se intentan hacer élite en un mundo en el que trabaja mucha más gente de la que se suele pensar.


2 Comments »

  • Charlotte said:

    Que por qué entregan los premios los actores? Bueno, sueles ser guapos, con buen tipo y no les asustan las cámaras… Y no es a mí a quien le molesta que personas poco agraciadas se suban al escenario del Palacio de Congresos. No, tampoco estoy diciendo que los guionistas sean feos… Era sólo la explicación frívola y más superficial del asunto.

    En lo que estoy de acuerdo contigo es en la importancia de la historia. A mí me gusta el cine, porque el cine, al final, es Literatura.

    Saluditos.

  • JC said:

    Totalmente de acuerdo…
    Nada más claro que esto.

    En mi caso, desde pequeño tuve la disposición a admirar al creador, incluso más que al intérprete. Ya sea en lo musical, televisivo o cinematográfico. Es una cadena que, esperemos, sea revertida de a poco. Y el creador sea reconocido moral y económicamente.

    Saludos desde tierra americana!

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