Frankenstein vuelve a la vida en el Canal

Después de la visita a la escena madrileña, hace unos meses, de Drácula, ahora desembarca en los teatros del Canal (donde permanecerá hasta el 4 de abril) otro de los mitos de la literatura de terror: Frankenstein. Gustavo Tambascio ha adaptado la célebre novela de Mary Shelley. “Lo que hemos querido -dice Tambascio, también director de la función- es contar la historia original tal y como es”.
Una de las diferencias con respecto a las versiones cinematográficas más conocidas, asegura, es que “a menudo se ha presentado a la criatura simplemente como un personaje de una apariencia monstruosa, cuando la verdad es que Mary Shelley lo describe como alguien con una inteligencia extraordinaria, capaz de aprender a hablar y dotado de una gran lucidez para comprender el mundo. En este espectáculo se trata a la Criatura como un ser pensante, que comprende la dinámica de la lucha de clases, de la explotación del hombre por el hombre…”.
En un ambiente “romántico y gótico” transcurre esta función, para la que Tambascio ha creado cuatro personajes que no aparecen en la novela original, y que le ayudan a contrastar a los que creó Mary Shelley, a ofrecer puntos de vista nuevos e incluso a introducir elementos de humor. Y es que Tambascio define ‘Frankenstein’ como una “obra de horror gótico, con mucho de grand guignol y dosis de humor”.
Dos actores -Javier Botet y José Luis Alcedo- interpretan a la Criatura. Aquél lo hace cuando es todavía un “bebé” y el segundo cuando, pasados tres años, ya es un “adulto” y se reencuentra con su creador. “Víctor Frankenstein tiene un amor extraordinario por la Criatura, a la que ha creado buscando cada parte con un gran cuidado, según Tambascio. «No es un montón de despojos reunidos, ha elegido cada miembro deliberadamente”.
A Víctor Frankenstein lo interpreta Raúl Peña, que asegura que éste es un papel de una gran intensidad, “no sólo por lo que respecta a la parte interpretativa; también por el trabajo físico que exige la puesta en escena”.
Éste es un artículo de Julio Bravo, para ABC.












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